Comisión de Trabajo y Empleo

Coordinador

Cristian Recchio

Integrantes

Alejandro Alvarez.
Lourdes Di Vincenzo.
Brian Tieppo.
Andrés Barranco.

Correo Electrónico: casapatriarosario@gmail.com

Diagnósticos y Desafíos 2021

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Nuevas modalidades en las relaciones del trabajo.

Debates y desafíos.

1-Breve Marco Teórico donde se inscriben las discusiones en torno al  Futuro del Trabajo.

 

1.1.           Contexto Histórico.

 

La mayoría de los autores que reflexionan sobre la idea del fin del trabajo, encuentran un punto de partida en los años 70, cuando la crisis de la sociedad salarial empieza a irrumpir a nivel global para destruir el sueño del pleno empleo.

La disminución en la demanda de mano de obra propicia una transformación en el mundo del trabajo que empieza a encontrar nuevas ramas de actuación desvinculadas de la producción en términos materiales para orientarse a trabajos de servicio e intelectuales. Del mismo modo el capital no encuentra su límite en la imposibilidad de producir bienes transables para reproducirse, sino que refuerza su autopoiesis para encontrar los modos en que el dinero se reproduzca a sí mismo, el auge de los capitales financieros.

Por otro lado, el mismo sistema fue articulando mecanismos flexibilizadores en los mercados de trabajo que tienen por finalidad debilitar el carácter colectivo en la sociedad salarial (1) pugnando por el crecimiento individual y las negociaciones personales, el objetivo es la pérdida de identidad para sostener el sistema.

En torno a estos cambios se suscitaron diferentes discusiones conceptuales que tienen repercusión fáctica hasta nuestros días. Previo a entrar en profundidad en estos debates, me parece importante poder dar cuenta de ciertos paralelismos en la periodización que ofrecen las teorías del fin del trabajo con el caso argentino. Resaltar algunos detalles para retomarlos desde la perspectiva de este debate.

En Argentina se desarrolló en la década del 70 un fenómeno en concordancia con el resto del mundo: la valorización financiera comienza a emerger como mecanismo de solución macroeconómica, y en el contexto Latinoamericano los gobiernos dictatoriales, articularon mecanismo de disciplinamiento social para diluir la capacidad de organización colectiva de los trabajadores.

Durante la década del 80   con el restablecimiento de la democracia se intentaron restituir las instituciones del mundo del trabajo, no obstante, muchas de las empresas que emergían en las nuevas zonas de promoción industrial no permitían la agremiación de los trabajadores ni las discusiones salariales, paralelamente el desempleo aumento, con un contexto inflacionario que perjudico la capacidad de consumo de los asalariados.

En los polos obreros, producto de la promoción industrial en zonas francas se manifestó un proceso de desindustrialización que empobreció a las clases trabajadoras de los centros urbanos, modificando las relaciones con la fábrica y el territorio.

La era de la flexibilización laboral en la década del 90 agudizó este proceso, mediante la privatización de empresas estatales, el cierre de fábricas, la ley de empleo, la ley de pasantías y la eliminación de las negociaciones colectivas de trabajo, uno de los procesos más avasallantes del neoliberalismo fue su empeño en romper el sentido colectivo del trabajo.

A partir del año 2003 comienza a registrarse una disminución en los indicadores de desempleo, sin embargo, existe toda una trama de trabajo no registrado, o considerado informal que queda por fuera de las regulaciones.  En este aspecto los jóvenes representan un alto porcentaje de este subgrupo que no se encuadran en el circuito clásico de la sociedad salarial.

1. Utilizamos el  concepto de Sociedad Salarial de Robert Castel (1997) para quien es el resultado de un proceso formado por tres condiciones. Tiene su origen en la condición proletaria (S XIX), que se caracteriza por: exclusión social, vulnerabilidad, ausencia de garantías legales en lo laboral, ingresos mínimos para el consumo imprescindible y pauperismo de la clase trabajadora.

Continúa la condición obrera (primera mitad del siglo XX) que se caracteriza por: el reconocimiento de la masa trabajadora como fuerza social determinante, ampliación de derechos, la toma de conciencia de su poder, surgimiento de los sindicatos, seguridad social en el caso de los industriales, acceso al consumo de masas, inclusión en la base de la pirámide social. Se mantienen las diferencias y la subordinación, pero hay una relativa integración de los trabajadores.

Finalmente se llega a la condición salarial (segunda mitad del siglo XX), periodo en el cual la gran mayoría de los trabajadores se encuentra bajo el régimen del salario. Si bien coexisten diversos bloques sociales, desde trabajadores periféricos, trabajadores sin calificación, hasta asalariados que se mezclan con la burguesía, la sociedad salarial se forma dentro de una estructura relativamente homogénea en su diferenciación , donde el salario cumple al mismo tiempo el papel de unificador y diferenciador, y fundamenta a la identidad social de los trabajadores (situación de empleo). Surge un nuevo perfil de los trabajadores, dejando atrás la condición de marginados para pasar a ser potenciales consumidores y acreedores de derechos.

1.2.           Discusiones Teóricas.

Es importante comprender la distinción que se da entre los estudios en torno al mundo del trabajo durante el siglo XX y los nuevos debates que trae consigo el siglo XXI. Mientras que los primeros se centraron principalmente en la esfera de la regulación, comprendiendo a la sociedad salarial como aquella que se encontraba dentro de los parámetros de un empleo legal y con seguridad social; con la aparición y consolidación de los trabajos vulnerables, precarios, flexibles, no regulados, atípicos o no estandarizados llevan a plantear la fragmentación de la sociedad salarial y la perdida de una identidad colectiva. Una de las preguntas que irrumpen en el escenario, es sí aquellos que trabajan dentro de la órbita de un programa de empleo entrarían dentro de estos segmentos precarios o no estandarizados (2).

Adentrándonos en las discusiones teóricas que conducen este informe, Richard Sennett (2006)(3) sostiene que las especiales características del tiempo en el neocapitalismo han creado un conflicto entre el carácter y la experiencia, la experiencia de un tiempo desarticulado que amenaza la capacidad de la gente de consolidar su carácter en narraciones duraderas (Sennett, 2006, pág. 30). La reflexión de Sennett parte de la observación de las nuevas realidades del trabajo en las sociedades modernas, donde la estabilidad y la previsibilidad no son factores fundamentales para las trayectorias laborales individuales, sino que se van generando espacios donde no existe un apego especifico a los lugares y en el cual el compromiso se construye desde el progreso individual. En ese sentido, la inexistencia del largo plazo es el principio que corroe la confianza transformando también los modos de socialización, confianza que no se limita al otro sino también a los espacios de desarrollo personal.

Las redes institucionales modernas están marcadas por las fuerzas de los vínculos débiles, las formas fugaces de asociación son más útiles que las conexiones a largo plazo, y los lazos sociales sólidos –como la lealtad- han dejado de ser convincentes. (Sennett, 2006)

Esto también va corroyendo la idea de comunitarismo y la de construcción colectiva, dado que este actor social descomprometido y que evita generar lazos se va independizando de luchas y funciones que incluyen a colectivos sociales, muchas veces a los más desfavorecidos, estableciéndose discursos estandarizados sobre la posibilidad de realización personal y del “querer es poder”.

Se sostiene entonces que en gran medida ha llegado a su fin la seguridad en y de los empleos que caracterizaba al fordismo en la etapa del Estado benefactor, al limitarse el pleno empleo, se fragmentan las biografías y carreras profesionales y predomina el “trabajo frágil”, el flexible, el inseguro, con debilitamiento de la estructuración de la identidad colectiva y también la individual, con lo cual se da inicio a una nueva cuestión social, la de la desestructuración laboral, familiar, social y del carácter, que jugaría en contra de la identidad individual y social (De la Garza Toledo, 2009).

El capitalismo en su necesidad de legitimar la nueva situación social se apropiaría de las críticas a la vida laboral rutinaria del fordismo, asimilándolas como la necesidad de autonomía del trabajador y la exaltación de las metas, el reto y el riesgo permanente, así la crítica a la explotación sería declarada anticuada y obsoleta.

Este fenómeno es definido por Robert Castel (1997) como la interpretación del futuro en términos aleatorios, signada por el retorno del mercado como regulador de la sociedad salarial, que demonizaba la regulación estatal sosteniendo que frenaba la hegemonía del mercado. La reindividualizacion de la condición salarial produce un efecto paradójico en el que ser un individuo es un valor positivo en tanto que propone la autonomía, pero al mismo tiempo no es un valor alcanzable por todos.

Se trata de un proceso en el cual Ricardo Antunes (1995) reconoce la heterogenización, fragmentación y complejización de la clase trabajadora de manera contradictoria, por un lado se reduce el proletariado industrial y fabril y por el otro aumenta el subproletariado, el trabajo precario, o los asalariados del sector servicios.

Estas diversas categorías de trabajadores tienen en común la precariedad del empleo, de las remuneraciones, de la desregulación de sus condiciones que implica una regresión en los derechos sociales, la ausencia de protección y libertad sindical. En su conjunto estos factores configuran una tendencia a la individualización extrema de la relación salarial (Antunes, 1995).

Esta trama también reconoce una modificación en la forma de ser del trabajo, impulsando por un lado a una mayor calificación de las actividades laborales y por el otro a una mayor descalificación que habilite los espacios de explotación. Lo que lleva a pensar que no existe una tendencia única y generalizada en el mundo del trabajo, la fragmentación se observa también en la intelectualización del trabajo manual, que puede identificarse con el avance tecnológico, y la descalificación que se encuentra en sintonía con la lógica destructiva del modelo capitalista “solo llegan quienes estén más preparados”.

Es preciso resaltar que Ricardo Antunes (Antunes, 1995) considera que más allá de la clara fragmentación que evidencia el mundo del trabajo, nada permite concluir que existe una pérdida de su centralidad en la sociedad capitalista. Si bien el desarrollo del trabajo intelectual, o trabajo abstracto como él lo denomina, implica una descalificación del trabajo productivo donde la relación entre el trabajo y el producto es directa, el trabajo abstracto cumple un rol decisivo en la creación de valores de cambio, y forma parte de la “sociedad-que-vive-del-trabajo”.

Por otro lado, sostiene, en reivindicación de su perspectiva marxista, que el trabajo es una necesidad natural y eterna para realizar el intercambio material entre el hombre y la naturaleza, y por lo tanto para mantener la vida humana. Sostiene que mediante el trabajo útil el hombre modifica a su entorno y por lo tanto se modifica a si mismo lo que lo convierte en un principio fundante del ser social.

En una tercera tesis reafirma que las revueltas sociales tienen como eje de centralidad al trabajo incluso a expensas del proceso de fragmentación, su carácter complejo y heterogéneo, y que todo ese abanico de asalariados que están por fuera del ámbito de la regulación encontraría su respaldo en la “sociedad-que-vive-del-trabajo” para poder oponerse a lógicas explotadoras del capitalismo.

En cuarto lugar, advierte que, si bien el proceso de fragmentación generó distancias entre asalariados, principalmente entre los sectores dedicados al trabajo intelectual y aquellos que se encuentran en los sectores precarizados, la clase trabajadora puede generar los mecanismos para hacer confluir sus intereses contrastando las tendencias a la individualización.

Por último Antunes plantea que el capitalismo contemporáneo no fue capaz de eliminar las múltiples formas de extrañamiento (4) y alienación de la clase trabajadora, como propugnaban con la caída del fordismo y su carácter intrínsecamente despótico. Sostiene que, aunque se habla de un creciente fenómeno de individuación, no se trata de una individualidad plena de sentido, por el contrario, se generan espacios que sacrifican individuos. El extrañamiento, dice Antunes, es un fenómeno histórico-social que en cada momento se presenta bajo formas siempre diversas, puesto en marcha por las fuerzas sociales operantes. (Antunes, 1995)

El fin de recuperar las tesis de Antunes es presentar una perspectiva que se opone a la idea del fin del trabajo y que reivindica la potencia de la clase trabajadora para oponerse al sistema de explotación capitalista.

Cierto es también que en la experiencia Argentina, tras la crisis del 2001 muchos de los movimientos que emergen se encuentran por fuera de los modos de organización de la “sociedad-que-vive-del-trabajo”, no solo en las metodologías de las protestas, sino también en relación a las diferentes reivindicaciones que se ven plasmadas en sus reclamos, donde el trabajo es un factor clave pero se piensa en relación a las condiciones de la pobreza, que son acompañadas del deterioro de los servicios de salud, la educación, y los modelos económicos,

Sería necesario explicar las fuentes de la identidad y la acción colectiva entre trabajadores situados en relaciones poco claras de asalariamiento o bien con diferente tipo de relaciones con la regulación, la relación con los clientes y usuarios, su relación con el producto, etc. Y también recapitular acerca de un concepto ampliado de trabajo que no se restrinja al trabajo asalariado en términos clásicos, considerando la potencialidad de constitución de identidades colectivas en los nuevos trabajadores asalariados (De la Garza Toledo, 2009).

La postura de Antunes surge en parte como una crítica al posicionamiento de André Gorz que en su libro Adiós al proletariado (Gorz, 1980) presenta la idea del fin de la centralidad del trabajo.

Para Gorz se ha desarrollado una asimilación entre la idea de trabajo y empleo, con lo cual el trabajo se identifica inmediatamente con el salario, y por lo tanto con la capacidad de compra en una sociedad. Sostiene que el trabajo es percibido por la mayoría de los que lo buscan y de quien lo tiene, como una venta de tiempo en el que el objeto poco importa: se trabaja en Peugeot o en Boussac, no “para fabricar” coches o telas. Se “tiene” un buen o un mal trabajo, en primer lugar, según lo que se gane, a continuación, solamente según la naturaleza de las tareas y las condiciones en que éstas han de realizarse. Se puede tener un “buen” trabajo en la industria de armamento y un “mal” trabajo en un centro asistencial (Gorz, 1980, pág. 20).

Trabajar, desde esta perspectiva, es vender el propio tiempo para poder comprar a la sociedad en su conjunto el proporcional a ese tiempo que se ha entregado, plantea una escisión total entre el trabajo y su concepto útil, su capacidad transformadora del entorno y del ser social.

En su opinión, el moderno concepto de trabajo representa una categoría socio-histórica, y no una categoría antropológica, es así que el capitalismo no inventó el trabajo, sino que creó la ficción de que la fuerza de trabajo era una mercancía y por eso se pudo organizar el mercado de trabajo (Neffa J. , 2001)

La abolición del trabajo en esta argumentación no sería abolir el esfuerzo, el deseo a la actividad o el amor a lo que se hace, sino la necesidad de comprar el derecho a la vida, la exigencia de trabajar menos no tiene como sentido el descansar más, sino vivir más.

Este proceso está en marcha, según el autor, en el sentido en que es imposible reestablecer el pleno empleo a través de un crecimiento económico cuantitativo, la alternativa está en todo caso entre dos formas de gestionar el fin del trabajo: una que conduce a la sociedad del paro y otra que conduce a la sociedad del tiempo libre. La sociedad del paro es aquella en la cual se construye una suerte de aristocracia de quienes acceden a trabajos protegidos, un subgrupo de trabajadores precarizados haciendo las tareas menos calificantes y que nadie querría hacer y una enrome masa de personas sin empleo.

La sociedad del tiempo libre para Gorz solamente se esboza en los intersticios y como contrapunto de la sociedad presente: el principio fundamental es “trabajar menos para trabajar todos y activarse más por sí misma”. Dicho de otra manera, el trabajo socialmente útil, repartido entre todos los que quieren trabajar, deja de ser la ocupación exclusiva o principal de cada individuo: la ocupación principal puede ser una actividad o un conjunto de actividades autodeterminadas, efectuadas no por dinero sino en razón del interés, del placer o de las ventajas que se encuentra en ellas (Gorz, 1980)

En otros términos, en esta sociedad lo que se promueve es la reducción de las horas de trabajo para que lo que se distribuya sea el tiempo de trabajo y no los puestos en si, como no existe la posibilidad de generar nuevos empleos es fundamental repartir el tiempo que se vende entre los empleos existentes sin trastocar los salarios, que en definitiva implicaría una distribución de la riqueza. Del mismo modo el aumento del tiempo libre permite sostener los márgenes de productividad porque también es tiempo en el que se consume.

El trabajo no es capaz de asegurar las condiciones de existencia que deberían en este sentido estar asegurados por el derecho a la ciudadanía plena, que facilite el desarrollo de la personalidad y la identidad. La autonomía y la realización personal se lograrían fuera del ámbito del trabajo asalariado. Gorz predice el fin de una sociedad fundada en el trabajo, concebido como una forma de empleo, que es predefinido social y jurídicamente y ejecutado en contrapartida de un salario, dado que en estas condiciones no se podría lograr el ejercicio de un trabajo verdaderamente autónomo. Entonces, concluye Gorz, no es en el trabajo sino "en la reducción del tiempo de trabajo socialmente necesario, que las personas podrían encontrar su libertad para vivir una vida emancipada y a la medida de la dignidad humana" (Neffa J. , 2001)

En complementación con este planteo de Gorz, Jeremy Rifkin (1995) acompaña la visión de la desaparición del trabajo poniendo el foco en las tecnologías de la información y la comunicación. En la actualidad, por primera vez, el trabajo humano está siendo paulatina y sistemáticamente eliminado del proceso de producción. Una nueva generación de sofisticadas técnicas de las comunicaciones y de la información irrumpe en una amplia variedad de puestos de trabajo. Las máquinas inteligentes están sustituyendo, poco a poco, a los seres humanos en todo tipo de tareas, forzando a millones de trabajadores de producción y de administración a formar parte del mundo de los desempleados, o peor aún, a vivir en la miseria.

La solución para Rifkin consistía, por una parte, en una reducción substancial del tiempo de trabajo y, por otra parte, en la constitución formal de un tercer sector, de economía social, cuya lógica sería diferente a la del mercado y del Estado, cuyos actores principales serían las ONG. En ella confluiría la lógica del trabajo voluntario que procura generar empleos que requieran una baja dotación de capital y donde los salarios fueran bajos pero que aseguraran  un mínimo de subsistencia, situación que de todas maneras sería mejor que estar desempleados. (Neffa J. , 2001)

En la historia de nuestro país, la experiencia de las ONG no cumple con  lo planteado por Rifkin, sino que genera una relación diferente no solo con el producto sino con la fábrica y la empresa.  

En un sentido crítico es preciso resaltar que, si bien es cierto que asistimos a una fragmentación y complejización del trabajo, nada permite advertir una abolición del trabajo asalariado en los términos que lo planteaba Gorz en los 80, como tampoco es posible inferir que la tecnologización este estrictamente relacionada con la disminución del empleo. Si creemos que es conveniente resaltar los cambios en la dimensión simbólica que plantean y las reconceptualizaciones que pueden comprender en torno al trabajo.

Para Enrique de la Garza Toledo (2009) en América Latina fueron primero los conceptos de marginalidad y de informalidad los que permitieron dar cuenta de algunas anomalías en el mundo del trabajo, sobre todo teniendo en cuenta que en muchos países de la región los trabajos “no clásicos” es decir los no regulados y por fuera de las trayectorias típicas, son los que implican a la mayor parte de la población ocupada.

Para este autor la diferencia histórica entre que es trabajo y que no, no puede ser determinada por el tipo de actividad o de objeto que produce sino por su articulación en ciertas relaciones sociales de subordinación, explotación, cooperación o autonomía. Acompañado de otros niveles de la cultura y el poder permite conferir significación social al trabajo, valorarlo tanto en términos sociales como económicos. No cabe en este sentido una definición abstracta de lo que es trabajo, sino que sus significaciones son construcciones sociales que implican relaciones de poder y dominación, no es solo el capital y su relación con el mismo lo que lo define (De la Garza Toledo, 2001).

De La Garza Toledo plante que el debate en torno al fin del trabajo se estructuran en cuatros ideas o tesis que es relevante destacar y debatir:

Primera tesis: La irrupción de los servicios y el trabajo intelectual ha generado una gran heterogeneidad de los trabajos dentro y fuera de los procesos productivos, lo que se traduce en valores diferenciados e imposibilita la conformación de sujetos amplios del trabajo. Aun así esto no implica una ruptura total de los lazos de solidaridad entre trabajadores por no poder construir una identidad común, dado que para De La Garza Toledo no hay datos empíricos que demuestren que el crecimiento de trabajadores de cuello blanco, la sustanciación del autoempleo y la informalidad, hayan contrarrestado el surgimiento de movimientos sociales con otras complejidades identitarias convocantes.

 

Segunda tesis: la preminencia del individualismo fundado en la creciente fragmentación de los mundos de vida de los trabajadores corroe la conformación de subjetividades. Las posturas posmodernas sostienen que la fragmentación es una característica de las sociedades que no se circunscribe a la sociedad posindustrial. En este sentido el autor plantea que la fragmentación no es un límite absoluto y por lo tanto no está claro el fin de la ética del trabajo ya que la sociedad del no trabajo que imaginaban los teóricos de comienzos de los ochenta se ha convertido en una sociedad de mucho e intenso trabajo para algunos y desempleo no deseado ni enriquecedor para otros.

La lógica fragmentaria obliga a pensar si los diferentes trabajos son importantes en la construcción de subjetividades y hacia donde se dispara el sentido colectivo.

 

Tercera tesis: El movimiento obrero decae a partir de las estrategias empresariales, de convencer a los trabajadores que el capital no es el enemigo, sino las empresas competidoras en el mercado. La transformación del Estado hacia el neoliberalismo redujo paralelamente la influencia de los sindicatos y apoyó a las empresas en la flexibilización laboral. Para De la Garza Toledo si bien estas afirmaciones son ciertas, hay que rechazar las concepciones que hablan de una sola vía en el modelo económico y sus implicancias laborales. Hoy como ayer el capital genera una "situación social", en la cual sus promesas de la buena vida quedan reducidas para una minoría de la humanidad, el resto tiene que soportar peores condiciones de trabajo y salarios, inseguridad en sus empleos, una flexibilidad destructiva no sólo de las calificaciones sino de la dignidad. La  sociedad reducida al mercado ha generado sus propias experiencias constestarias y reivindicativas.

 

Cuarta tesis: la riqueza social ya no depende del trabajo, en la sociedad postindustrial el trabajador es prescindible y el capital se alimenta de los fondos de inversiones pertenecientes a miles de pequeños ahorristas. La contraparte aparece en que el capitalismo no ha desaparecido, sino que ha llegado al máximo de su despersonalización, continuando con su lógica especulativa independientemente de los sujetos sociales en que se encarna. Se concurre a la máxima expresión de la fetichizacion del capital. Para el autor, no toda la economía es el sector financiero y las personas siguen siendo consumidoras de bienes y servicios, se requerirá de alguien que los produzca y la empresa sin trabajadores no existe. (De la Garza Toledo, 2001)

(2) En el debate en torno a la ampliación de los fondos de la Tarjeta Alimentar por parte del Presidente Fernández, surgió una fuerte crítica por parte de los principales movimientos sociales de Argentina al plantear que “la tarjeta es pan para hoy y hambre para mañana", pidiendo la generación genuina de puestos de empleo en el marco del Programa Potenciar Trabajo.
Esta postura ideológica en torno a  políticas de empleo, seguramente no sea compartida por algunos sectores sociales que plantean que esto es únicamente una medida paliativa sin capacidad de inclusión al verdadero mercado de trabajo.

(3) Desde una perspectiva que articula los procesos individuales propios del capitalismo.

(4) El concepto de extrañamiento remite a que el trabajo, considerado como proceso de humanización del ser social, en la sociedad capitalista es degradado y envilecido, se vuelve extrañado, en este sentido el desarrollo de la capacidad humana no produce necesariamente el desarrollo de la personalidad humana, sino que al contrario puede desfigurarla y envilecerla, he ahí que cuando Antunes habla de extrañamiento se refiere también a la manifestación de este en la sociedad-que-vive-del-trabajo

1.3.           Situación del trabajo precario en América Latina.

Creo importante incorporar en esta discusión la presencia cada vez más notoria del empleo precario en América Latina, que si bien no es exclusividad de la región si es uno de los determinantes para que se sostenga como el continente más desigual del planeta.

 

La crisis del salario y del empleo en los 90 fue uno de los detonantes de este fenómeno, que tiene que ver con la apertura de los procesos flexibilizadores, pero también con la necesidad de encontrar otras formas de asalariarse en un contexto de disminución de la demanda de mano de obra, así el cuentapropismo, el empleo en microestablecimientos, las viejas formas de trabajo a destajo, los procesos de economía popular y otras expresiones van emergiendo, como también los empleos de gran intensidad, con bajos salarios y nula cobertura de seguridad social.

Se trata de un tipo de fragmentación horizontal, entre trabajadores de calificaciones similares, en general bajas y condiciones precarias semejantes. No es simplemente un aumento del desempleo, sino un incremento sustancial de las actividades precarias. Aquí las tecnologías no toman el carácter disruptivo de la sociedad posindustrial, o las sociedades posmodernas, aunque si existe el incremento del trabajo intelectual, la nota característica es el incremento de la precariedad.

Esta precariedad puede constituirse también como un rasgo de identidad, que no encuentra su relación a través de las unidades productivas que si están fragmentadas y desarticuladas, sino a través de la identificación como la población excluida de la sociedad global.

En este sentido, un trabajador no solo comparte con otros el espacio laboral, sino que tiene interacciones y experiencias en otros mundos, articulados de manera inmediata o no con el del trabajo. La identidad no se da en abstracto sino que es con respecto a determinado problema, símbolo, espacio de relaciones sociales, conflicto, amigo o enemigo (De la Garza Toledo, 2009)

Se pone en juego aquí los límites entre lo que se considera trabajo y lo que no, ya que estos límites no son naturales ni universales, depende de las propias concepciones sociales y de los poderes dominantes, a este respecto la pregunta que surge es si los programas de empleo que exigen una contraprestación laboral son efectivamente trabajo o no.

Pueden existir eficiencias identitatarias en los trabajos no clásicos que encuentran sus espacios de identificación no ya en las fábricas o las unidades productivas, sino en otros espacios de articulación, el barrio, el club, los movimientos culturales, y que generan otras subjetividades que trascienden lo laboral por excelencia.

Pueden generarse diferencias en relación a, valores, sentidos estéticos o cogniciones diversas con respecto al mundo del trabajo, de amor, odio, indiferencia; de realización o instrumentalismo; de horror o gusto estético; de realización profesional o de alineación. No obstante su eficiencia en el individualismo, la solidaridad, lo comunitario, la acción colectiva, tendrá que investigarse en situaciones concretas más que pretender generalizarse en abstracto. Estos sujetos con sentidos diversos no por principio posmoderno tienen que permanecer desarticulados, la desarticulación de su cara a cara puede llegar a articularse por medio de sus prácticas, en formas virtuales o simplemente imaginarias (De la Garza Toledo, 2009).

Es así que conviene pensar un concepto ampliado del trabajo, sería una necedad sostener que la fábrica continúa siendo el lugar de conformación identitaria

 por excelencia de los trabajadores, como también sería una necedad sostener que el trabajo perdió total importancia en las relaciones sociales y la conformación del sujeto social. Un concepto ampliado también interpreta el trabajo en relación con la ciudadanía, la otredad, la institucionalidad y las trayectorias individuales, es decir un todo articulado que va demarcando los diferentes mundos que se sitúan en diferentes espacios colectivos, y desde ese lugar se plantean las nuevas formas de trabajo y su relación con algunos grupos sociales, etarios, culturales, etc.  

2.     Las nuevas formas de trabajo. Economía de plataformas y empleo.

Las diferentes discusiones teóricas que se han detallado más arriba, plantean grandes desafíos para las políticas públicas que piensan y articulan el trabajo en nuestro país. Los cambios en la interconexión entre producción, comercialización, logística y demanda configuran nuevos servicios y formas de contratación, que llevan a las diferentes reparticiones estatales a repensar sus formas de intervención. En esta sección del informe pondremos el eje en la economía de plataformas.

Las aplicaciones digitales configuran un soporte para la organización empresarial relativamente recién en nuestro país. La potencialidad en la reducción de los costos de transacción que generan estas apps, implico modificaciones en las cadenas de valor, en los modelos de gestión de las organizaciones y, por sobre todo, en la organización del mundo del trabajo mediante la contratación de trabajadores para realizar tareas específicas en un tiempo determinado.

 Se produce una “gestión algorítmica” de la fuerza de trabajo. Se pueden definir cinco características fundamentales de este tipo de gestión:

  • Seguimiento continuo del comportamiento de los trabajadores.

  • Constante evaluación a partir de las puntuaciones de los clientes.

  • Ilusorio posicionamiento donde en el trabajo se toman decisiones sin intervención humana.

  • La interacción de los trabajadores con su entorno laboral, ya sea clientes o es a través de la aplicación lo cual entorpece la comunicación y sociabilización.

  • Ocultamiento parcial del funcionamiento total del algoritmo.

La rápida expansión de estas plataformas con la llegada al gobierno de Mauricio Macri (5), sumado a su tendencia a incorporar a trabajadores por cuenta propia- bajo nomenclaturas novedosas  como “emprendedores”, “asociados”, “colaboradores”- genera numerosos debates en el marco de las relaciones laborales. Entre las preocupaciones más recurrentes, se apuntan las dificultades que estas inserciones laborales generan en términos de acceso a la protección social. También, las actividades laborales mediante plataformas afectan a los derechos básicos como el de sindicalización y negociación colectiva.

Pese a que casi la totalidad de las plataformas digitales que operan en Argentina están inscriptas como proveedores de servicios de informática ante la AFIP, se desempeñan en sectores muy diversos como:

  • Servicios de maestranza, reparación, limpieza y cuidados.

  • Actividades de diseño, traducción, creación de páginas web, etc.

  • Transporte de pasajeros.

  • Entrega de productos a domicilio.

  • Alojamiento

El siguiente gráfico de 2018, pese a su lejanía temporal agudizada por la pandemia el covid-19, nos posibilita ver la relación existente  entre  calificación de las tareas requeridas, tipo de trabajo y  cantidad de usuarios activos en los trabajos por plataforma.

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2.1.           Plataformas digitales de reparto a domicilio en Argentina.

 

Las plataformas digitales de delivery brindan a sus usuarios el servicio de entrega de productos a domicilio, así como el servicio de mensajería. Aun así, estas aplicaciones de reparto se presentan como empresas informáticas que posibilitan el encuentro entre clientes y prestadores de servicios, concibiéndose como simples intermediarias que no operan en un sector específico, como es la entrega de productos a domicilio.

Este posicionamiento organizativo ha generado desde su irrupción, un debate acerca de si el derecho del trabajo puede regular la relación laboral en función de los vínculos establecidos, o si por el contrario estamos ante la presencia de relaciones no dependientes e incapaces de ser cubiertas por estas relaciones del derecho. Algunos indicadores construidos en torno a la modalidad de trabajo por aplicaciones,  podrán echar algo de luz sobre esta querella en torno a la independencia de los trabajadores con la aplicación:


Indicadores de Dependencia Económica:

  • El modelo de negocio es gestionado por la plataforma digital.

  • La cobranza y los pagos la realiza la plataforma, mediante medios electrónicos o a través del propio repartidor, que debe ingresar a la plataforma el dinero percibido.

  • La plataforma es la primera en recibir los pagos de clientes, luego realiza los descuentos por la comisión que la plataforma le cobra al repartidor por su uso, y luego finalmente le transfiere al repartidor su parte.

  • La tarifa que recibe el repartidor es decidida unilateralmente por la plataforma, sin instancias de discusión y debate con los trabajadores.

  • El repartidor recibe una remuneración por pedido relativamente fija y regular, que varía en algunas excepciones.

 

Indicadores que demuestran una de Dependencia Jurídica por parte de la plataforma:

  • El repartidor queda sujeto al control de la prestación de manera sistematizada a través de la plataforma y de los puntajes que recibe de terceros (consumidor final o establecimiento proveedor de productos).

  • La plataforma tiene la función disciplinaria y sancionatoria.

  • La contratación es de carácter personal e insustituible.

  • El repartidor recibe indumentarios y elementos con la imagen de la empresa, pero no está obligado a usarlos.

  • El repartidor solo trabaja mediante el acceso a la aplicación.

 

Indicadores que contradicen la supuesta Autonomía del trabajador:

  • El repartidor se encuentra sujeto a los tiempos de reparto y entrega que la plataforma establece.

  • El repartidor está sujeto a la calificación de la plataforma y de terceros.

  • El repartidor no podría ser válidamente considerado empresario.

 

 Los ingenieros de estas modalidades de trabajo sostienen un alto grado de autonomía e independencia de los “colabores”, argumento que se sostiene en la posibilidad que tienen los repartidores para elegir la cantidad de horas trabajadas y su propio horario. Un acercamiento a la realidad de los trabajadores, demuestra que esta flexibilidad pregonada no se condice con la realidad de cada uno, donde esta actividad es la principal, y muchas veces única, fuente de ingresos de los trabajadores. Se calcula que la media de horas trabajadas es 8,21 horas, cumpliendo una media de algo más de 13 entregas por día y esperando un promedio de 17 minutos por pedido.

Complementándose con lo arriba mencionado, otro aspecto que muestra la endeblez de los discursos de “independencia y flexibilidad, es el hecho de que las aplicaciones de delivery contemplan mecanismos de control, evaluación y sanción del desempeño laboral de estos trabajadores a través de un sistema de puntajes asignados al trabajador. Rankear  en estos sistemas implican una mayor o menor cantidad de pedidos ofrecidos, dificultades o facilidades en las distancias, cambios en el valor de los pedidos y  la cantidad de “incentivos” que puedan recibir.

A su vez, existen métodos de sanción claros y concretos, donde el mas destacado es el bloque de entrada a la app por parte del trabajador: solo podrá volver a trabajar cuando se lo habilite. Este tipo de penas dan lugar a apelaciones individuales de los repartidores en las oficinas de la empresa, previa asignación de un turno. Se descolectiviza el accionar, dejando al individuo frente a la responsabilidad personal de vehiculizar su propia demanda. La acción colectiva queda anulada dificultando el proceso de sindicalización.

En lo que atañe al acceso a la seguridad social, la gran mayoría de estos trabajadores se encuadran dentro del régimen simplicado para pequeños contribuyentes. Bajo este esquema los trabajadores pueden acceder a tres de los cinco componentes de la seguridad social: a) seguro por vejez (jubilación), invalidez y fallecimiento, b) asignaciones familiares50 y c) seguro de salud.51 Quedan marginados, no obstante, del acceso a: d) seguro por riesgos de trabajo y e) seguro de desempleo.

En resumen, todo lo aquí planteado demuestra la debilidad de los argumentos en torno a la flexibilidad e independencia del trabajo por aplicaciones de delivery. La ocupación de manera no estructurada tiene altos costos, como, por ejemplo, la imposibilidad de elegir los horarios más convenientes, la recepción de menor cantidad de pedidos y las restricciones de acceso a las “promociones”. El desempeño del trabajador se encuentra en constante observación al ser puntuado de manera continua por terceros, imposibilitada su capacidad de apelar o intervenir en esto.

2.2.           Plataformas digitales de trabajo independiente.

 

Con casi un millón de usuarios activos por mes en las  plataformas para trabajo de freelancers, el trabajo independiente para empresas del exterior es un fenómeno consolidado y en expansión en nuestro país. Generando discusiones en torno la “fuga de talentos” que dificultad a las empresas nacionales a la captación de las personas más calificadas, las disimiles situaciones entre empresas nacionales y extranjeras, y las posibles cargas tributarias.

Las plataformas prioritarias en nuestro país son dos:

  • Workana, con más de 5 millones de usuarios registrados y aproximadamente 200.000 activos por mes.

  • Freelancer, que posee casi 580.000 usuarios.

Estas aplicaciones sistematizan el mecanismo de contratación de servicios desde el exterior haciendo disponible todos los instrumentos necesarios: los clientes, los medios de pago, los contratos, las ofertas, la intermediación en el pago de los servicios. Los Ceos de estas empresas, niegan un vacío legal para regular a quienes desarrollan este tipo de tareas. Aseguran que se  encuentra regulado por el Código Civil y Comercia bajo la figura de locación de servicios, pudiendo ser sancionados por mala praxis.

Valido es aclarar, que pese a que hay muchas profesiones enlistadas para ser captadas en estas plataformas, la “gran estrella” es el sector de la Economía del Conocimiento. Es allí donde se da la mayor distorsión en el mercado laboral, dado que hay un fuerte incentivo para que estos profesionales salgan del régimen laboral regulado y pasen a operar en negro a través de estas plataformas. Con el desdoblamiento cambiario las ofertas del exterior se vuelven muy rentables, donde los ingresos en moneda extranjera pueden ser convertidos en el mercado paralelo haciendo casi imposible una competencia entre empresas nacionales y extranjeras.

En la economía del Conocimiento, siendo el tercer complejo exportador del país (solo detrás de agro y la industria), la formación de un “mercado laboral paralelo” tiene una doble consecuencia a corto y mediano plazo: por un lado no genera divisas, dado que no se liquidan en el mercado formal por lo que tampoco tributan. Por otro lado la incapacidad de captar la mejor mano de obra hace que las empresas comiencen a perder competitividad y no puedan expandirse. Tanto la incapacidad de tributación como la perdida de propiedad intelectual formada en Argentina, son procesos que se retroalimentan e impiden un mejor posicionamiento del país hacia el exterior.

La crisis generada en las relaciones laborales, también se le suma las dificultades de aplicación tributaria y previsional. Para declarar sus ingresos, los freelancers deben inscribirse como trabajadores autónomos ante AFIP. Esto implica una detracción previsional del 27% de sus ingresos para la Seguridad Social. A esto se le suma el Impuesto a las Ganancias, y principalmente la pesificación a cambio oficial y los trámites bancarios. Esta opción resulta desventajosa ante los cambios en criptomonedas (se les paga en esta moneda que no tienen impuestos aún) y plataformas asociadas que permiten transferir valor con bajas comisiones en comparación a la tradicional transferencia bancaria.

La problemática ya fue elevada al Ministerio de Desarrollo Productivo, donde existe una mesa de economía del conocimiento con empresas y trabajadores. Entre sus principales planteos para reducir desigualdades, que no posibilitan soluciones definitivas por el momento, postulan la reducción de la brecha cambiaria, o por el contrario, permitir el “desdoblamiento” del mercado de cambios. Otra idea es el establecimiento de un régimen similar al del decreto de 234 de fomento a las exportaciones. Y por último, propusieron aumentar las fiscalizaciones en las plataformas freelancers para que estén registradas, y así los pagos se liquiden y tributen en la formalidad achicando las asimetrías.

Numerosos economistas y propietarios de empresas del conocimiento, plantean la posibilidad de flexibilizar las relaciones entre los freelancers y la AFIP en lo que refiere a aportes previsionales, impuesto a las ganancias y tipo de cambio. Aun así, esta flexibilización sectorial generaría un doble standard legal que podría redundar en planteos de violación al principio constitucional de igualdad ante la ley.

 

1.3.           Plataformas Digitales de Servicios de maestranza, reparación, limpieza y cuidados.

 

Siendo las aplicaciones de menor conocimiento públicas, las plataformas para contratar a un profesional de cualquier tipo para soluciones hogareñas vienen ganando impulso en nuestro país. La app Timbrit presenta una gran oferta de electricistas, plomeros, gasistas, carpinteros, albañiles y fleteros, entre los rubros más destacados. La app te da la posibilidad de pedir varios presupuestos entre los profesionales oferentes y evaluar las reseñas y puntajes que clientes anteriores les otorgan a los prestadores.

A diferencia de las aplicaciones de entrega de pedidos, el profesional frente a la demanda de un trabajo de determinadas características, será el que se pondrá en contacto con el cliente a través de la app, estableciendo un monto según su propio criterio. El mismo podrá ser modificado en caso de que las partes lleguen a un nuevo acuerdo.

Pese a que hasta el momento de redacción de este informe este tipo de plataformas no ha revestido grandes intereses analíticos, sostenemos que estas nuevas formas de organización del trabajo se asientan sobre mercados no regulados, donde las fluctuaciones y discontinuidades propias de los trabajos (se trabaja en relación a un pedido concreto, la mano de obra puede ser tomada por distintas empresas o particulares al mismo tiempo, etc.) dificultan aún más el acceso a la seguridad social y formalización del trabajo.

A su vez, la competencia entre partes que no conocen el comportamiento de la otredad, donde el intermediario es el cliente y una aplicación con escasa comunicación con sus “usuarios”, lleva a la precarización voluntaria del trabajo a través de la reducción de costos.

En lo que respecta a las plataformas digitales de cuidados de destaca Cuidalos, asociada a Facundo Manes. La misma se postula como una solución digital con una serie de recursos para cuidar a los adultos mayores. Por un lado provee la posibilidad de encontrar un asistente adecuado, al que se le podrá organizarle las tareas y gestionarle responsabilidades desde la aplicación. El sistema de puntajes y recomendaciones funciona igual que en otras apps.

Por otro lado, la aplicación le facilita al familiar o los familiares un tablero inteligente donde atiende los sucesos del día las 24 horas los 365 días del año. Los informes son elevados de manera programada por el cuidador durante su jornada laboral.

Dos aristas son llamativas en este tipo de aplicaciones: la primera tiene que ver con que de los distintos testimonios recogidos por parte de sus principales funcionarios plantean “eliminar la intermediación en el cuidado”. Esto da lugar al debate confuso de quien intermedia en una relación de cuidados a los adultos mayores: la app, los familiares, la cuidadora.

La segunda corresponde al constante control que pueden realizar los usuarios sobre los prestadores donde cualquier momento de la jornada laboral. Esto se complementa con el sistema de rankeo y reseñas propias de estas plataformas.

 

3.       Conclusiones.

 

Lo hasta aquí planteado nos permite comprender que aunque las economías de plataformas posibilitan la generación de nuevas oportunidades para generar ingresos en sectores sociales golpeados por las crisis laborales del 2015 a la fecha, implican grandes retos desde el punto de vista regulatorio en lo que corresponde al alcance de las normas laborales, fiscales y de protección del trabajo que fueron pensados para el mercado de trabajo tradicional. Esto se complejiza aún más, al reconocer la heterogeneidad de los trabajadores de plataformas a partir del tipo de tarea y el nivel de calificación requerido.

 

Por último todo lo hasta aquí detallado en nuestro informe, nos lleva a establecer algunos lineamientos generales que pueden guiar a las distintas dependencias estaduales en su relación con estas empresas:

  • Comprender el fenómeno de la economía de plataformas en su amplitud y su pluralidad. Ahondar en el conocimiento de sus particularidades.

  • Proyectar una regulación en el marco del dialogo con los distintos actores intervinientes en esta modalidad de trabajo.

  • Discutir y repensar algunos aspectos de la legislación laboral, de modo de contemplar los escenarios generados por los distintos cambios tecnológicos.

  • Establecer patrones generales que garanticen que los términos y condiciones de contrato por plataforma se presenten de manera clara y concisa para sus trabajadores.

  • Garantizar mecanismos democráticos y transparentes en las relaciones entre plataformas y trabajadores.

  • Generar espacios de capacitación y desarrollo de habilidades de los trabajadores de la economía de plataformas, con el objetivo de mejorar las trayectorias laborales de los mismos.

  • Reconocer los derechos de sindicación, libertad sindical y negociación colectiva a quienes presten estos servicios de entrega.

 
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